Yo Alma

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Yo Alma

Yo Alma, soy un personaje eterno que en ocasiones cambia de propietario

Avanzábamos con el destartalado todo terreno gris  de Hombre, por la comarca de Bureba.  La carretera era estrecha, mal señalizada y con algún que otro bache, en realidad se aproximaba a lo que entendemos, por un camino rural.  Nuestro destino era Leonés, un pueblo a cincuenta kilómetros de Burgos. Leonés, el pueblo hasta ahora manso, tranquilo, tradicionalmente agrícola, había decidido hacer honor a su nombre; decidió afilar sus garras y abrir los ojos a la nueva economía emergente.

El viaje se estaba haciendo largo, Hombre conducía a poca velocidad. La carretera estaba transitada por parsimoniosos tractores, conducidos por amables agricultores de la zona, que intentaban por todos los medios dejarnos paso.

Íbamos en silencio, aparentemente tranquilos, aunque yo intuía a través de los gestos de mi compañero de viaje, signos evidentes de impaciencia. Cuando dejaba de tamborilear con sus dedos, se mesaba los cabellos con la mano, que con demasiada frecuencia apartaba del volante.

Yo andaba en mis pensamientos, miraba sin ver, el panorama que la comarca nos ofrecía, oía sin escuchar, la tertulia gritona que nos brindaba la radio de turno, mis manos estaban frías y mis músculos se empezaban a atrofiar. Mi mente estaba muy inquieta, mis ideas sobre mi nuevo destino, eran muy dispares; en un minuto pensaba que Leonés sería una buena forma de madurar y desarrollar un nuevo camino, y al minuto siguiente, sentía cómo mi corazón, se agitaba; mi mente se nublaba y temía perder lo más importante para mí: la complicidad, la amistad y  el amor espiritual de mi inseparable amigo Hombre. Ciertamente estaba preocupada, diría más, el panorama lo veía oscuro; sentía miedo.

Todavía nos quedaban más de cien kilómetros. Si el mapa mugriento y manoseado estaba en lo cierto, a poca distancia tomaríamos un desvío a la derecha que nos llevaría hasta una carretera nacional, por fin, una carretera en condiciones. Nos desviamos y alcanzamos la deseada ruta. Hombre se animó,  puso ambas manos en el volante, apretó el acelerador, la adrenalina agitó su corazón y pensó a por Leonés.

Yo, de nombre Alma, intenté animarme junto a mi amigo inseparable Hombre, aunque mi intuición, siempre en alerta, me decía, que algo en mi amigo estaba cambiando. El afán, anhelo, ahínco, en fin esa pasión inconmensurable  que estaba poniendo mi amigo Hombre por dominarlo todo, y el sentido inmenso de poder y avaricia que denotaban sus actitudes, que asomaban en sus gestos y  que reafirmaba con duras palabras… me llevaron a pensar que mis días estaban contados.

Como sabéis y si no lo conocéis, os lo explico: mi papel en la vida de Hombre hasta este momento fue ver, oír, emocionarme, sentir, en una palabra vivir y ser cómplice de su vida.

Yo Alma, soy un personaje eterno que en ocasiones cambia de propietario, dueño, amo, si él lo encuentra oportuno y decide echarme de su camino.

Hombre, en muchos momentos de su vida, se ha hecho la siguiente pregunta:

¿Quién es Alma? , un nombre tan corto, simple, sencillo de recordar y en algunas ocasiones, según él, tan difícil de definir.

Yo, Alma siempre le oía comentar en sus debates filosóficos:

¿Quiénes somos realmente? ¿Somos cuerpo o sólo tenemos un cuerpo? ¿Somos mente o sólo tenemos una mente?

Creo que al final, después de reflexionar y consultarme, llegamos a una conclusión,  que esclarecía sus dudas.

No es ni lo uno ni lo otro. El cuerpo y la mente son herramientas humanas para vivir en el planeta, para moverse, pensar, hablar… pero noté por sus gestos, su escasa convicción. Efectivamente no satisfecho con mi respuesta, me preguntó insistentemente, quién era. Yo cansada de tanta cuestión incómoda y mostrando claros signos de irritación, le contesté: que era su energía, su chispa, la que le hacía sentirse vivo en el mundo, aquí y ahora. La que le podía proporcionar buenas vibraciones y que luego él iría convirtiendo en distintas emociones, que solo él, debía elegir en plena facultad de decisión. Le dejé bien claro que soy una ferviente aliada de la alegría, la esperanza, la perseverancia en buenos fines, pero al mismo tiempo añadí, que soy enemiga de la avaricia y las malas artes para conseguir ambiciones sin sentido, y esto, me ha llevado a tener que abandonar después de duras batallas a sujetos que se hacían llamar como él.

Hombre, se quedó desconcertado, inquieto, preocupado nunca había escuchado de mi parte, tanta claridad y honestidad. Cambio su actitud arrogante, altiva, por la de un individuo agotado, agacho la cabeza, se acercó a mí tratando de susurrar algo en mi oído, cuando un fuerte trueno, interrumpió nuestra conversación, nos miramos a los ojos, acaricié su mejilla y desaparecí de su vida.

Yo Alma, necesitaba hacer un alegato, contra lo fingido, falso, artificial, y encontrar una vía que me llevara de nuevo al camino de la verdad, lo genuino, puro. Me urgía salir de tanta oscuridad… y con paso firme y decidido, emprendí mi viaje en solitario.

Fragmento de mi nuevo libro “Almas”

Un saludo

Gina Murillo

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal

Edición tapa blanda EUR 9,83
Edición Kindle $2.99
 

¿Esperar qué? Si todo está en ti: Comunicación no verbal. Emociones [Tapa blanda]

Gina Murillio Benedicto (Autor)

 

Reseña del editor

Yo con éste, mi nuevo libro: ¿Esperar qué? Si todo está en ti, he intentado entreabrir un resquicio hacia mi interior, profundizar, analizar, los secretos que la comunicación no verbal nos grita a voces, y como no, hacerme reflexiones en voz alta, no carentes de interrogantes. No me preguntes ¿por qué?, pero parece ser que es éste, mi signo ortográfico favorito. Bueno, quizá sea porque me encanta el reto, la magia de las emociones propias y ajenas. Me encanta la curiosidad, es ella, la que alerta mi imaginación; la que se encarga de comunicarme que la vida está en constante movimiento. Quizá sea ella, la curiosidad, la que curiosamente revela que cada uno actúa de un modo diferente ante la misma circunstancia. La que
me lleva a observar, a pensar, que nadie es raro. Probablemente porque cada uno de nosotros somos únicos. Quizá, sea ésta otra razón, la que me lleve a obtener como respuestas, más interrogantes en este incesante viaje, cuyo destino, la vida, en sus numerosas escalas, te avisa de que vivir es un verbo de acción. Asimismo, te comunica que tu relación, tu fuerza, en definitiva, tu existencia, hay que vivirla y no sólo imaginarla. Esas mismas escalas, son las que te enseñan, que la alegría es una buena compañera y que es su compañía, la que te proporciona sensaciones de bienestar, de paz, de sosiego, de armonía. Esas paradas, te recuerdan que tu vida no depende de si alguien viene o se va; te recuerdan que el único protagonista de tu vida eres tú. Te recuerdan que tomar el riesgo de ser tú mismo es apasionante. Te recuerdan que el desafío de la reinvención proporciona un subidón de adrenalina que te hace vibrar. Te recuerdan al fin, que tú eres el único propietario de esa llave mágica, capaz de abrir todas las estancias de tu existencia, y que por nada del mundo puedes dejarla escapar. Esas señales, esas voces que se desgañitan avisándote –avisándome– de que todos los trayectos de tu vida tienen un gran interés, pero que algunas veces mi sordera interior, no me permite escucharlas y los paso por alto. Sin embargo, otras, resuenan como un eco en mi interior, evocando a mi poder de decisión: elijo vivir por y no por casualidad. Elijo hacer cambios en lugar de tener excusas. Elijo estar alegre y no amargado. Elijo autoestima y no victimismo. Ese viaje a través del aprendizaje, en el que guardar el equilibrio, ayuda a soportar sin sobresaltos los contratiempos y enigmas cotidianos, en el que las respuestas, presumiblemente, caen a cuentagotas. En ocasiones, ese dosificador te hace recapitular e invocar a la paciencia. Una lección que tenemos que aprender desde el inicio de nuestros días… Practicar la paciencia cuesta lo suyo. Ese goteo lento de respuestas que te indican que, aunque digamos que estamos motivados para hacer un cambio, ello no significa que el cambio se produzca inevitablemente. Tenemos que encomendarnos a la infalible, costosa e ignorada… Perseverancia. Cuando creí que tenía respuestas, hallé en ellas más preguntas… ¿A ti no te pasa también? ¿Esperar qué? Si todo está en ti.

Biografía del autor

Nacida en Valencia, España. Universidad de Valencia. Dedicada al mundo de la moda , la imagen y venta en una cadena de boutiques. Actualmente, impartiendo cursos dedicados al estudio de la comunicación personal, como método para lograr un mayor conocimiento y desarrollo en el ámbito personal, social y professional. Gina Murillo 2014


 

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