Viaje interior…

Viaje interior…

“Cada uno de nosotros es más rico de lo que se imagina; pero se nos amaestra en el arte de pedir prestado y mendigar; nos enseñan a servirnos de los otros más que de nosotros mismos”.- Michel E. de Montaigne.

Yo Alma, estaba bloqueada, no sabía cómo empezar ese largo viaje a través del mundo. No quería precipitarme.  Pensé que lo mejor sería reflexionar sobre mí misma, e intentar sentirme cómoda en esta nueva situación, tan desconocida para mí.

Sucumbí al silencio, la ausencia de palabras me inquietaba, me angustiaba, me atormentaba. Comprendí que debía aprender a conversar con mi soledad.

Lo conseguí, se convirtió en mi fiel compañera. La encontré divertida; nunca la sentía rutinaria, apática, desganada; siempre me hacia vibrar Sus comportamientos eran muy variados. En ocasiones, su ironía me provocaba sonoras carcajadas; en otras la nostalgia cubría su rostro, y en muchas me comprimía el corazón. Pero su complicidad me acompañó. Mi camarada Soledad, se convirtió en una gran amiga y buena aliada.

Con mi nueva confidente, comencé mi periplo a través de los sentimientos. Los mismos que fui olvidando en el camino sin darme cuenta. En realidad, los dejé demasiado tiempo postergados, en un rincón diminuto de mi alma.  Me resultó más fácil mostrar mi cuerpo y ocultar mi alma.

Nos sentamos plácidamente una al lado de la otra, mantuvimos una mirada de complicidad, respiré hondo y Yo Alma, comencé a mostrar mi alma:

Yo Alma, también había formado parte de ese mundo, lleno de tribus, provisto de lanzas bien afiladas  dispuestas a atacar al que no bailase a su compás. Forme parte de esa sociedad adoctrinada en el arte de la impaciencia, de la inconstancia, de la exasperación. En esa sociedad, en la que no escatimaba recursos para alcanzar sus fines, aunque fueran de dudosa identidad, en la que todo  valía para conseguir el prestigio social y económico; en esa sociedad arrogante que despreciaba a los que no eran o no tenían lo mismo que ellos. A los valientes que intentaban mejorar su vida, dejando a los suyos y a la tierra que les vio nacer. A los que rezaban a otro Dios.

Yo alma fui una más de la manada que se dejó llevar por una casta que sólo le interesa sentirse un buen escaparate; que no acepta el paso de los años.  Por ese interesado y  suculento comercio que nos dice que la arruga no es bella. En definitiva,  me vi envuelta en un cuerpo que ignora que lo único que no se deteriora es el alma.

Estaba cansada de adoptar situaciones, que no sólo dañaban mi cuerpo; situaciones y actitudes que ocultaban mi alma.

Me propuse en esta odisea,  vagar por el mundo con mi alma en solitario; perderme entre mis  añorados sentimientos, recuperarlos y entonces mostrar la desnudez de mi alma.

Desde Marruecos un cordial saludo

Gina Murillo

No Comments

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

La imaginación & La creatividadLa curiosidad…