¿Qué edad tengo?

¿Qué edad tengo?

¿Qué edad tengo? Y yo que sé, mi cuerpo dice una cosa, pero luego entra a debate mi alma camaleónica y dice otra.  Pues es ella la que cambia de color y edad dependiendo del estado de ánimo.

La definición de edad está referida al tiempo de existencia desde su nacimiento hasta la actualidad.

La edad también marca un periodo existencial, podemos hablar de épocas doradas, de etapas de lapsus, de fases de subsistencia…

Sin lugar a dudas las circunstancias que acompañan estas épocas, etapas o fases, son diversas, variadas, a veces se nos escapan a nuestro control, pero también es verdad, que dependiendo del alma camaleónica, el proceso es diferente.

Aunque los años pasan rápidos, vuelan, nosotros somos los protagonistas indiscutibles de nuestras edades. Es el alma, la que juega el rol de estrella, galán, héroe, comediante.

 Es el alma la protagonista de nuestra edad. Es ella la que tiene la habilidad de dar color a unas emociones, quizá algo apagadas, por el ir y venir de los acontecimientos cotidianos.

Es el alma, la que te incita a echar la vista atrás y poner delante, los diferentes modos de encarar los acontecimientos, “la edad”  esas épocas, lapsus, fases, que forman parte de nuestra historia personal. Allá voy…

 Es el alma la que decide desafiar, retar a la edad, de un modo pueril, ingenuo, aniñado, en ocasiones, cuando  los acontecimientos que se desarrollan, más vale solucionarlos, jugando como si de un balón se tratase, saltando una y otra vez, liberando las emociones… Careciendo de inhibiciones, renunciando a formas establecidas.

Es el alma la que se enfrenta a la edad, cuando la ilusión, las ideas, los proyectos tocan a tu puerta y el alma camaleónica, pone en marcha el proceso, para que las emociones se alteren y se vistan de alegres colores. ¡Qué desbarate se produce! Adoro esta transformación.

Es el alma la que sufre, cuando afronta la edad, en la que crees que puedes llevarte el mundo por delante y aparece esa alma camaleónica presentando su cara de decepción.

Es el alma la que recupera, la capacidad de diálogo con la decepción y afronta la negociación con esa edad madura, que se viste de tolerancia.

Esa misma tolerancia que viviste pero que en algunas ocasiones el alma camaleónica se encarga de transformar en situaciones incapaces de aceptar. Esa edad que a veces se presenta, mostrando la cara algo oscura del alma.

Esa edad llena de confianza, en la que el alma es la encargada de decir aquí estoy yo, llena de paz, seguridad y capacidad para hacer lo que se ponga por delante.

Esa alma, ¿por qué no decirlo?, que en ocasiones se viste de negro, y se convierte en el rostro amargo de la edad. Adopta un rostro de pocos amigos, en el que aparecen unas facciones arrugadas, dibujando surcos llenos de desilusión, de impotencia, acidez, desconsuelo.

Esa edad, la que más me gusta, en la que el corazón y el alma, están llenos de amor. De tristes y nostálgicos recuerdos a veces, pero en la que el alma goza de buena salud mental para sacarlos adelante. Esa edad del alma, que  se sabe poseedora de libertad.

 Por eso cuando me preguntan ¿cuántos años tengo? Respondo…

La edad de mi alma camaleónica que trata de adecuarla a la felicidad, a la energía, a la fuerza… Para hacer de mi vida una correría, un riesgo, un reto, un romance… La edad de mi alma camaleónica, que se adapta para hacer de mi vida todo un acontecimiento.

Te dejo esta reflexión anónima que me encanta.
No sé si es mérito de los años,
Pero he bajado el volumen de lo que escucho
Y levantado el de lo que siento.
Me emociona la vista de un atardecer,
Un sorbo de un buen café,
De un vino generoso,
De la buena compañía,
Una hermosa melodía,
El calor de una mirada,
El poder de un beso.
No sé si es mérito de los años,
Pero empiezo a ver la vida hermosa tal como es.

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Un saludo

Gina Murillo

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal

Edición tapa blanda EUR 9,83
Edición Kindle $2.99
 

¿Esperar qué? Si todo está en ti: Comunicación no verbal. Emociones [Tapa blanda]

Gina Murillio Benedicto (Autor)

 

Reseña del editor

Yo con éste, mi nuevo libro: ¿Esperar qué? Si todo está en ti, he intentado entreabrir un resquicio hacia mi interior, profundizar, analizar, los secretos que la comunicación no verbal nos grita a voces, y como no, hacerme reflexiones en voz alta, no carentes de interrogantes. No me preguntes ¿por qué?, pero parece ser que es éste, mi signo ortográfico favorito. Bueno, quizá sea porque me encanta el reto, la magia de las emociones propias y ajenas. Me encanta la curiosidad, es ella, la que alerta mi imaginación; la que se encarga de comunicarme que la vida está en constante movimiento. Quizá sea ella, la curiosidad, la que curiosamente revela que cada uno actúa de un modo diferente ante la misma circunstancia. La que
me lleva a observar, a pensar, que nadie es raro. Probablemente porque cada uno de nosotros somos únicos. Quizá, sea ésta otra razón, la que me lleve a obtener como respuestas, más interrogantes en este incesante viaje, cuyo destino, la vida, en sus numerosas escalas, te avisa de que vivir es un verbo de acción. Asimismo, te comunica que tu relación, tu fuerza, en definitiva, tu existencia, hay que vivirla y no sólo imaginarla. Esas mismas escalas, son las que te enseñan, que la alegría es una buena compañera y que es su compañía, la que te proporciona sensaciones de bienestar, de paz, de sosiego, de armonía. Esas paradas, te recuerdan que tu vida no depende de si alguien viene o se va; te recuerdan que el único protagonista de tu vida eres tú. Te recuerdan que tomar el riesgo de ser tú mismo es apasionante. Te recuerdan que el desafío de la reinvención proporciona un subidón de adrenalina que te hace vibrar. Te recuerdan al fin, que tú eres el único propietario de esa llave mágica, capaz de abrir todas las estancias de tu existencia, y que por nada del mundo puedes dejarla escapar. Esas señales, esas voces que se desgañitan avisándote –avisándome– de que todos los trayectos de tu vida tienen un gran interés, pero que algunas veces mi sordera interior, no me permite escucharlas y los paso por alto. Sin embargo, otras, resuenan como un eco en mi interior, evocando a mi poder de decisión: elijo vivir por y no por casualidad. Elijo hacer cambios en lugar de tener excusas. Elijo estar alegre y no amargado. Elijo autoestima y no victimismo. Ese viaje a través del aprendizaje, en el que guardar el equilibrio, ayuda a soportar sin sobresaltos los contratiempos y enigmas cotidianos, en el que las respuestas, presumiblemente, caen a cuentagotas. En ocasiones, ese dosificador te hace recapitular e invocar a la paciencia. Una lección que tenemos que aprender desde el inicio de nuestros días… Practicar la paciencia cuesta lo suyo. Ese goteo lento de respuestas que te indican que, aunque digamos que estamos motivados para hacer un cambio, ello no significa que el cambio se produzca inevitablemente. Tenemos que encomendarnos a la infalible, costosa e ignorada… Perseverancia. Cuando creí que tenía respuestas, hallé en ellas más preguntas… ¿A ti no te pasa también? ¿Esperar qué? Si todo está en ti.

Biografía del autor

Nacida en Valencia, España. Universidad de Valencia. Dedicada al mundo de la moda , la imagen y venta en una cadena de boutiques. Actualmente, impartiendo cursos dedicados al estudio de la comunicación personal, como método para lograr un mayor conocimiento y desarrollo en el ámbito personal, social y professional. Gina Murillo 2014


 

La amistad…¿Te apuntas al viaje?