Personal shopper, su pretensión: mejorar la importantísima primera impresión

Personal shopper, su pretensión: mejorar la importantísima primera impresión

Basándonos en el concepto: una imagen vale más que mil palabras, que hoy es protagonista indiscutible en nuestra sociedad de consumo, no es sorprendente, que el personal shopper,  profesión que nació en Nueva York en los años 80, con el objetivo de ayudar a las personas, a las que su apretada agenda les impedía salir de compras, sea una “profesión en claro auge”, en las ciudades más “cool” .

Su pretensión: mejorar la importantísima  primera impresión.

La definición literal de personal shopper es “comprador personal”. El concepto inicial habla de una persona que ayuda a sus clientes a elegir y comprar objetos de todo tipo (decoración, regalos, complementos, etc) pero sobre todo, el personal shopper, se encarga de llevar a cabo la buena imagen de sus clientes.  Les ayuda a conseguir el rol que quieren  representar o a que conozcan su estilo personal. Les aconseja sobre las pautas que deben seguir, en claro acuerdo con su apariencia física  y su manera de ser. Su fin: conseguir la imagen deseada.

 Tenemos claro que el personal shopper debe de ser una persona experta en imagen, estilismo… pero sobre todo, (en mi opinión), debe tener  un buen ojo clínico, con lo que ello implica. Ese ojo de águila, tan intangible, tan difícil de explicar… pero que la intuición  es capaz de captar. Ese sexto sentido que alerta a la mente,  que activa la imaginación y por supuesto aumenta la capacidad de observación.

¿Por qué hablo del sexto sentido? Porque el personal shopper, debe tener una sensibilidad muy agudizada y conocer algo más de su cliente. Algo que va más allá de su físico, como la talla que usa o el estilismo que más le favorece, que sin duda alguna, es un factor importante. El personal shopper, debe ser capaz de captar al instante, cuando el cliente se siente cómodo con una prenda, una decoración o simplemente a la hora de comprar un detalle para que el cliente regale.  El personal shopper debe estimular y desarrollar sus 5 sentidos+1 (la intuición) para intuir, las sensaciones y actitudes de sus clientes, a través de simples gestos.

Una vez más, entramos en la espontaneidad de la comunicación no verbal:

en esa mirada de extrañeza o satisfacción; en esa leve sonrisa, o pequeña mueca de disconformidad, que expresa el cliente inconscientemente.

En su expresión corporal a través de su modo de andar seguro, firme o por el contrario, un movimiento mermado e inseguro, al pensar que su vestimenta, forma más bien parte de un espectáculo teatral.

Con una cabeza gacha, como pensando dónde me escondo o una columna erguida y cabeza alta, que confirma su confianza.

La imagen, es mucho más que el aspecto externo. La imagen, también es movimiento y como tal, el personal shopper, debe saber captar, cuando el aspecto externo (vestimenta, estilismo etc) , las expresiones faciales, movimientos corporales, y la mente  de su cliente, están en armonía. Conseguir el equilibrio de todos los factores, es lo que el personal shopper debe de conseguir. Al fin y al cabo, es ésa estabilidad lo que configura nuestra buena imagen.

Es lo que influye positiva o negativamente en la percepción que los demás tienen de nosotros.

Es lo que llamamos comunicar sin decir una palabra

¿Ser o Parecer? Comunicación no verbal

Un saludo

Gina Murillo

No Comments

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal

Edición tapa blanda EUR 9,83
Edición Kindle $2.99
 

¿Esperar qué? Si todo está en ti: Comunicación no verbal. Emociones [Tapa blanda]

Gina Murillio Benedicto (Autor)

 

Reseña del editor

Yo con éste, mi nuevo libro: ¿Esperar qué? Si todo está en ti, he intentado entreabrir un resquicio hacia mi interior, profundizar, analizar, los secretos que la comunicación no verbal nos grita a voces, y como no, hacerme reflexiones en voz alta, no carentes de interrogantes. No me preguntes ¿por qué?, pero parece ser que es éste, mi signo ortográfico favorito. Bueno, quizá sea porque me encanta el reto, la magia de las emociones propias y ajenas. Me encanta la curiosidad, es ella, la que alerta mi imaginación; la que se encarga de comunicarme que la vida está en constante movimiento. Quizá sea ella, la curiosidad, la que curiosamente revela que cada uno actúa de un modo diferente ante la misma circunstancia. La que
me lleva a observar, a pensar, que nadie es raro. Probablemente porque cada uno de nosotros somos únicos. Quizá, sea ésta otra razón, la que me lleve a obtener como respuestas, más interrogantes en este incesante viaje, cuyo destino, la vida, en sus numerosas escalas, te avisa de que vivir es un verbo de acción. Asimismo, te comunica que tu relación, tu fuerza, en definitiva, tu existencia, hay que vivirla y no sólo imaginarla. Esas mismas escalas, son las que te enseñan, que la alegría es una buena compañera y que es su compañía, la que te proporciona sensaciones de bienestar, de paz, de sosiego, de armonía. Esas paradas, te recuerdan que tu vida no depende de si alguien viene o se va; te recuerdan que el único protagonista de tu vida eres tú. Te recuerdan que tomar el riesgo de ser tú mismo es apasionante. Te recuerdan que el desafío de la reinvención proporciona un subidón de adrenalina que te hace vibrar. Te recuerdan al fin, que tú eres el único propietario de esa llave mágica, capaz de abrir todas las estancias de tu existencia, y que por nada del mundo puedes dejarla escapar. Esas señales, esas voces que se desgañitan avisándote –avisándome– de que todos los trayectos de tu vida tienen un gran interés, pero que algunas veces mi sordera interior, no me permite escucharlas y los paso por alto. Sin embargo, otras, resuenan como un eco en mi interior, evocando a mi poder de decisión: elijo vivir por y no por casualidad. Elijo hacer cambios en lugar de tener excusas. Elijo estar alegre y no amargado. Elijo autoestima y no victimismo. Ese viaje a través del aprendizaje, en el que guardar el equilibrio, ayuda a soportar sin sobresaltos los contratiempos y enigmas cotidianos, en el que las respuestas, presumiblemente, caen a cuentagotas. En ocasiones, ese dosificador te hace recapitular e invocar a la paciencia. Una lección que tenemos que aprender desde el inicio de nuestros días… Practicar la paciencia cuesta lo suyo. Ese goteo lento de respuestas que te indican que, aunque digamos que estamos motivados para hacer un cambio, ello no significa que el cambio se produzca inevitablemente. Tenemos que encomendarnos a la infalible, costosa e ignorada… Perseverancia. Cuando creí que tenía respuestas, hallé en ellas más preguntas… ¿A ti no te pasa también? ¿Esperar qué? Si todo está en ti.

Biografía del autor

Nacida en Valencia, España. Universidad de Valencia. Dedicada al mundo de la moda , la imagen y venta en una cadena de boutiques. Actualmente, impartiendo cursos dedicados al estudio de la comunicación personal, como método para lograr un mayor conocimiento y desarrollo en el ámbito personal, social y professional. Gina Murillo 2014


 

Los girasoles, han dejado de mirar al solEl silencio: más letal que mil palabras