Gina Murillo

Ser o Parecer

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La seducción…

Incitación, fascinación, gracia, encanto, alucinación, atractivo, atracción, hechizo, coqueteo; palabras sin duda vinculadas a la seducción

Seducir, en mi opinión, no es tratar de impresionar con movimientos, gestos, miradas, sonrisas, estudiadas ante un espejo. Para mí la seducción va unida a la capacidad de transmitir emociones y sensaciones de una forma natural.

Conquistar, persuadir, conectar, gustar, atraer, está directamente relacionado con pequeños gestos, como una sonrisa de alegría o una mirada de asombro que quedan grabadas en la retina, formando parte de un agradable recuerdo y tal vez el inicio de un sutil galanteo.

Por otra parte, hay muchos que consideran que la seducción es un arte.  Otros, que lo consideran como coser y cantar, pero también es verdad que con cierta frecuencia, hay personas se les hace cuesta arriba tener que utilizar armas seductoras. Establecer el primer contacto para algunas no es fácil, pero, como todo en la vida puede resultar más sencillo con técnicas y habilidades.

Todos hemos vivido experiencias seductoras, pero es probable que se nos haya pasado por alto qué gestos han provocado que nos seduzcan, o cuales han influido para seducir a otra persona.

Las personas a través de la comunicación verbal, pueden aparentar, fantasear, no decir la verdad, disimular, pero existe un lenguaje que va más allá de las palabras. El lenguaje no oral, las palabras silenciosas; signos inconscientes, cuyas expresiones son muy reales, no sabemos deformarlas porque ni las conocemos ni sabemos disimularlas.

Los investigadores en comunicación no verbal, analizaron películas que incluían el galanteo, el flirteo, la seducción y comprobaron, que en esta fase pre- enamoramiento, el ser humano se transforma aumentando su atracción, realzando su aspecto físico y se desarrollan alteraciones orgánicas y químicas hormonales, se emiten gestos y señales, según las fases y circunstancias y estas peculiaridades, se producían tanto en hombres como en mujeres.

Esta pre-disposición, se advierte por un aumento de la tensión muscular, como respuesta a la señal externa por la que la persona se siente atraída. Los músculos se comprimen respondiendo a un toque de advertencia, de modo que todo el cuerpo se pone en alerta.

Las arrugas del rostro marcadas, tienden a desvanecerse, del mismo modo que las ojeras. La mirada brilla con luz especial que tintinea, el color de la piel se altera, o bien se colorea como si tuviera un sofoco, o se torna más pálida. El labio inferior se hace más pronunciado.

La postura corporal desenfadada, se altera y tiende a enderezar la columna, instintivamente se contraen los músculos abdominales y los de las piernas se presionan. Los expertos hablan también de una alteración del olor corporal y se modifica la textura del cabello. Y todo ello ocurre sin emitir una palabra.

La pareja en pleno estado de seducción, se ocupa de su arreglo personal: las mujeres se atusan el cabello o se acomodan la ropa repetidamente, como una señal de coqueteo seductor. El hombre se pasa la mano por el cabello, se arregla el cuello de la camisa o se acaricia el nudo de la corbata. Estos gestos son inconscientes, se hacen automáticamente. Las personas podemos sufrir todas estas transformaciones y no tener conciencia de ellas.

A medida que avanza el flirteo, nuevas señales se manifiestan con gran claridad como las prolongadas miradas a los ojos del otro, como extasiado. Las parejas tienden a situarse de frente, se inclinan el uno hacia el otro, introduciéndose en el espacio del otro, rompiendo la burbuja personal, en ocasiones extienden un brazo o una pierna, como para formar barrera que encierra al otro.

Tienden a colocar las rodillas cruzadas de afuera hacia dentro, de manera que las puntas de los pies casi se tocan.

Al hablar si están uno junto al otro, dejan a la vista la parte superior del cuerpo, los brazos caídos o apoyados en el sillón, pero nunca cruzados sobre el pecho que significaría aislamiento y desinterés ó enfado.

A veces, la pareja realiza roces destinados al otro, y los proyecta sobre un objeto, pueden pasar suavemente el dedo por el borde de una copa, o dibujar imaginarias figuras sobre la mesa.

Otras veces se  adoptan actitudes provocativas: cruzar las piernas, dejando entrever parte del muslo; apoyar la mano en la cadera e inclinar desafiante el busto hacia adelante; o se sienta como ausente y se acaricia el muslo o la muñeca.

Las parejas durante el galanteo ladean la cabeza.

Muestran la palma de la mano, es quizás el más sutil de todos los signos. Aun en gestos que se realizan con la palma hacia adentro, como podría ser fumar o taparse la boca al toser.

Pero parece ser, que existen ciertas pautas de seducción que son comunes a todas las partes del mundo. El etólogo austriaco Irenáus Eibl-Eibesfeldt, que fue discípulo y ahora es colega de Konrad Lorenz, ha estudiado el flirteo en seis culturas diferentes y encontró muchos detalles similares entre ellas. Filmó sus películas utilizando un equipo de dos hombres: uno para manejar la cámara, y otro para sonreír y saludar a las chicas. Se vio que tanto en Samoa como en Papua, en Francia, en Japón o en África como en Sudamérica, se producía el mismo tipo de respuesta, en una sucesión de pequeños movimientos: una sonrisa, una vuelta, un rápido levantar de cejas en una expresión interrogativa, considerada afirmativa,  seguida por el hecho de volver la espalda, la cabeza hacia un lado, algunas veces gacha, mirando hacia abajo, y los párpados bajos. A menudo las chicas se cubrían parte de la cara con la mano y sonreían con vergüenza. Algunas veces seguían al hombre con el rabillo del ojo, o se volvían a echarle otra rápida ojeada antes de mirar hacia otro lado.

Los estudios realizados hasta el presente sobre la conducta durante la seducción son fascinantes en sus detalles: representan una tentación utilizar estos conocimientos para transmitir, pero el problema radicaría en que, al tratar de fingir, siempre aparece una falta de asociación, algo que resulta calculado o torpe, porque en el mensaje corporal, (a diferencia del mensaje verbal), existe una indicación de que algo, no es real. No debemos olvidar que siempre estamos comunicando con las palabras silenciosas…, esas mismas, que en ocasiones, traicionan el mensaje verbal, esos silencios, que suben de volumen inconscientemente y que en la mayoría de las ocasiones no las podemos silenciar.

Conclusión: ¿y cómo se da un gran amor? Nadie sabe. Pero lo que sí puedo decir es que sucede en un santiamén. Un momento estás disfrutando de tu vida y al siguiente… te preguntas cómo pudiste vivir sin tu pareja.

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Un saludo

Gina Murillo

Fotografía Maurizio Di Iorio

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal