La mirada, un intérprete inconsciente

  • mirada sobre el agua
  • un ojo de hombre

La mirada, un intérprete inconsciente

A menudo, el alma tiene un intérprete inconsciente, pero cierto: la mirada.

La mirada es el primer punto de atracción, dicen que: “los ojos son el espejo del alma” y es que los ojos han sido objeto de observación, de estudio y de mención por parte de poetas, historiadores psicólogos, artistas y… la humanidad entera desde tiempos inmemorables.

La mirada sirve para expresar emociones o establecer jerarquías en la interacción, del mismo modo que la expresión facial o el tono de voz.

Los estudios comprueban que no mirar a los ojos del interlocutor genera una serie de ideas que hablan mal de la proyección de la persona. “Que es tímido” “Que no le interesa lo que estoy diciendo, que me está ocultando algo”, “Que es inseguro”, “Que es mal educado”, “Que es irrespetuoso”, “Que me está mintiendo”. “Las personas percibidas seguras de sí mismas” son aquellas que hacen más contacto visual positivo. Quienes no manejan este poderoso hábito, de mirar a los ojos, hacen contacto visual a penas, un treinta por ciento del tiempo. Y al revés: quienes sí proyectan bien en este ámbito, suelen hacer contacto visual aproximadamente el setenta por ciento del tiempo  y juegan teatralmente con la mirada el treinta por ciento.

¿Qué significa jugar teatralmente?: que realizan movimientos de ojos acordes con lo que quieren transmitir. Es decir son estrategias, y utilizan los ojos, como una poderosa herramienta de comunicación. Saben que incluso en ese treinta por ciento del tiempo en que hay contacto visual, están siendo observados y, lo quieran o no, están comunicando algo. Un buen comunicador mantiene de modo adecuado el contacto visual con su interlocutor al menos durante el setenta por ciento de la conversación, y “juega” con el restante treinta.

La mirada se utiliza para inferir el grado de atención o de implicación de nuestro interlocutor. Se sabe desde hace mucho tiempo que la dilatación  pupilar aumenta con el interés por otro, y por este motivo las personas que nos miran con la pupila más dilatada nos resultan más atractivas.

 Quiero añadir un par de curiosidades con respecto a la famosa frase: ¡Los ojos hablan!

Las mujeres de la cultura griega y romana, conscientes de la importancia de esto, ingerían como parte de su arreglo personal, una sustancia que incrementaba el grado de dilatación pupilar, a la cual le dieron el nombre de “Belladona” por sus efectos sobre el atractivo femenino percibido.

 Por otra parte, en los países árabes, los hombres suelen hablar entre sí a una distancia mucho más corta de lo que lo hacemos en el mundo occidental. ¿Por qué?, porque ellos, por siglos han conocido algo que a menudo ignoramos en el mundo occidental: que los ojos hablan. Saben que al ir a regatear, costumbre muy arraigada en su cultura, sus ojos pueden delatar interés, haciéndoles perder un precio mejor. Al hablar de cerca, están “leyendo” los ojos del interlocutor. ¿Pero qué parte de los ojos miran?

En la universidad UCLA en los Ángeles (California), estudios realizados rigurosamente durante muchos años, han comprobado que cuando estamos ante algo que nos interesa, ¡La pupila! Se dilata, se hace más grande y al revés, cuando estamos ante algo que nos disgusta, ¡La pupila! Se hace más pequeña.

No debemos olvidar, que los ojos, juegan un papel facilitador de la enigmática y solapada en ocasiones, franca y sincera en otras, y siempre fascinante “Comunicación humana”

¿Ser o Parecer? La vida es un largo camino para cambiar de parecer…

Gina Murillo

 

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal

Edición tapa blanda EUR 9,83
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¿Esperar qué? Si todo está en ti: Comunicación no verbal. Emociones [Tapa blanda]

Gina Murillio Benedicto (Autor)

 

Reseña del editor

Yo con éste, mi nuevo libro: ¿Esperar qué? Si todo está en ti, he intentado entreabrir un resquicio hacia mi interior, profundizar, analizar, los secretos que la comunicación no verbal nos grita a voces, y como no, hacerme reflexiones en voz alta, no carentes de interrogantes. No me preguntes ¿por qué?, pero parece ser que es éste, mi signo ortográfico favorito. Bueno, quizá sea porque me encanta el reto, la magia de las emociones propias y ajenas. Me encanta la curiosidad, es ella, la que alerta mi imaginación; la que se encarga de comunicarme que la vida está en constante movimiento. Quizá sea ella, la curiosidad, la que curiosamente revela que cada uno actúa de un modo diferente ante la misma circunstancia. La que
me lleva a observar, a pensar, que nadie es raro. Probablemente porque cada uno de nosotros somos únicos. Quizá, sea ésta otra razón, la que me lleve a obtener como respuestas, más interrogantes en este incesante viaje, cuyo destino, la vida, en sus numerosas escalas, te avisa de que vivir es un verbo de acción. Asimismo, te comunica que tu relación, tu fuerza, en definitiva, tu existencia, hay que vivirla y no sólo imaginarla. Esas mismas escalas, son las que te enseñan, que la alegría es una buena compañera y que es su compañía, la que te proporciona sensaciones de bienestar, de paz, de sosiego, de armonía. Esas paradas, te recuerdan que tu vida no depende de si alguien viene o se va; te recuerdan que el único protagonista de tu vida eres tú. Te recuerdan que tomar el riesgo de ser tú mismo es apasionante. Te recuerdan que el desafío de la reinvención proporciona un subidón de adrenalina que te hace vibrar. Te recuerdan al fin, que tú eres el único propietario de esa llave mágica, capaz de abrir todas las estancias de tu existencia, y que por nada del mundo puedes dejarla escapar. Esas señales, esas voces que se desgañitan avisándote –avisándome– de que todos los trayectos de tu vida tienen un gran interés, pero que algunas veces mi sordera interior, no me permite escucharlas y los paso por alto. Sin embargo, otras, resuenan como un eco en mi interior, evocando a mi poder de decisión: elijo vivir por y no por casualidad. Elijo hacer cambios en lugar de tener excusas. Elijo estar alegre y no amargado. Elijo autoestima y no victimismo. Ese viaje a través del aprendizaje, en el que guardar el equilibrio, ayuda a soportar sin sobresaltos los contratiempos y enigmas cotidianos, en el que las respuestas, presumiblemente, caen a cuentagotas. En ocasiones, ese dosificador te hace recapitular e invocar a la paciencia. Una lección que tenemos que aprender desde el inicio de nuestros días… Practicar la paciencia cuesta lo suyo. Ese goteo lento de respuestas que te indican que, aunque digamos que estamos motivados para hacer un cambio, ello no significa que el cambio se produzca inevitablemente. Tenemos que encomendarnos a la infalible, costosa e ignorada… Perseverancia. Cuando creí que tenía respuestas, hallé en ellas más preguntas… ¿A ti no te pasa también? ¿Esperar qué? Si todo está en ti.

Biografía del autor

Nacida en Valencia, España. Universidad de Valencia. Dedicada al mundo de la moda , la imagen y venta en una cadena de boutiques. Actualmente, impartiendo cursos dedicados al estudio de la comunicación personal, como método para lograr un mayor conocimiento y desarrollo en el ámbito personal, social y professional. Gina Murillo 2014


 

Somos actores, constantemente en escenaComunicación no verbal: «La máquina de la verdad»