La intimidad: ¿reflejo del yo auténtico?

La intimidad: ¿reflejo del yo auténtico?

Son  en estos momentos placenteras  de intimidad, en los que la conducta no verbal se interpreta como una expresión afectiva, espontanea… Como reflejo del yo auténtico.

La intimidad, es uno de los mayores valores que tiene una persona, es un valor que no tiene precio. Es un bien sagrado que se debe proteger, aunque es bien cierto, que la familia humana, confía parte de su intimidad en amigos y personas de confianza, pero también es bien cierto que existe un ámbito propio e intransferible. Hay que ser prudentes a la hora de abrir tu corazón.

Una persona que se valora a sí misma de verdad, sabe perfectamente que su intimidad es un bien preciado. Sabemos que las redes sociales han planteado una revolución en el plano de la intimidad personal y controlarla  en este sentido es importante… Supone velar por tu huella digital, supone preservar tu  marca personal.

De hecho, son los distintos grados de intimidad los que determinan, los distintos tipos de relaciones. Conocidos, compañeros de trabajo, amigos de grupo, amigos íntimos, familia y pareja. Son estos grados de intimidad los que alteran la conducta no verbal.

En las relaciones sociales de menor rango de intimidad, la mayoría de las veces, las personas ejercemos cierto nivel de control sobre la conducta expresiva no verbal. Este pretendido control no siempre es consciente y no siempre tiene éxito, pero es omnipresente.

Esta tensión constante, entre espontaneidad y control a la que está sometida la conducta no verbal hace de ella un elemento clave en procesos tales como la expresión de sentimientos íntimos.

Es en estas oportunidades placenteras  de intimidad, en la que la conducta no verbal se interpreta como una expresión afectiva, espontanea… Y me reitero, como reflejo del yo auténtico.

En las relaciones íntimas, la conducta no verbal se considera sincera; es decir fiel representación de los pensamientos y sentimientos internos. La distancia interpersonal se acorta, el contacto físico y visual se incrementa. Existe una mayor variedad de expresiones faciales.

Los teóricos asumen que esto suceda porque, a medida que la relación entre dos personas gana en profundidad y en implicación recíproca, la regulación de la comunicación no verbal, se toma un respiro, disfruta de la naturalidad, llegando hasta el punto, que “no hacen falta las palabras”.

Se deduce de este modo que al aumentar la intimidad, disminuye el grado de regulación de la conducta no verbal, de modo que ésta deja de servir a una función de influencia interpersonal y pasa a cumplir esencialmente una función de expresión afectiva emocional.

Por eso, aunque al aumentar la intimidad aumenta el conocimiento detallado de los patrones de conducta no verbal de otra persona, se ha encontrado que en las relaciones íntimas es más difícil detectar el engaño: cuanto más íntima es una relación, más convencido está uno que “sabe” lo que está pensando el otro; pero la capacidad de detectar la mentira disminuye, porque el engaño no entra en las “reglas de juego”.

Como conclusión se puede señalar que en el marco de las relaciones íntimas, a diferencia, por ejemplo, de las situaciones de convención social, la conducta no verbal se considera libre de los condicionantes de los roles sociales; es decir, reflejo de cada persona, de aquello que la caracteriza como ser único y la distingue de todos los demás.

Tanto valor tiene tu intimidad como la de los demás. Por ello, es una muestra de responsabilidad ser una persona prudente  a la hora de dar valor a la vida de los demás.

¿Ser o Parecer? Comunicación No Verbal 

Un saludo

Gina Murillo

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal

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¿Esperar qué? Si todo está en ti: Comunicación no verbal. Emociones [Tapa blanda]

Gina Murillio Benedicto (Autor)

 

Reseña del editor

Yo con éste, mi nuevo libro: ¿Esperar qué? Si todo está en ti, he intentado entreabrir un resquicio hacia mi interior, profundizar, analizar, los secretos que la comunicación no verbal nos grita a voces, y como no, hacerme reflexiones en voz alta, no carentes de interrogantes. No me preguntes ¿por qué?, pero parece ser que es éste, mi signo ortográfico favorito. Bueno, quizá sea porque me encanta el reto, la magia de las emociones propias y ajenas. Me encanta la curiosidad, es ella, la que alerta mi imaginación; la que se encarga de comunicarme que la vida está en constante movimiento. Quizá sea ella, la curiosidad, la que curiosamente revela que cada uno actúa de un modo diferente ante la misma circunstancia. La que
me lleva a observar, a pensar, que nadie es raro. Probablemente porque cada uno de nosotros somos únicos. Quizá, sea ésta otra razón, la que me lleve a obtener como respuestas, más interrogantes en este incesante viaje, cuyo destino, la vida, en sus numerosas escalas, te avisa de que vivir es un verbo de acción. Asimismo, te comunica que tu relación, tu fuerza, en definitiva, tu existencia, hay que vivirla y no sólo imaginarla. Esas mismas escalas, son las que te enseñan, que la alegría es una buena compañera y que es su compañía, la que te proporciona sensaciones de bienestar, de paz, de sosiego, de armonía. Esas paradas, te recuerdan que tu vida no depende de si alguien viene o se va; te recuerdan que el único protagonista de tu vida eres tú. Te recuerdan que tomar el riesgo de ser tú mismo es apasionante. Te recuerdan que el desafío de la reinvención proporciona un subidón de adrenalina que te hace vibrar. Te recuerdan al fin, que tú eres el único propietario de esa llave mágica, capaz de abrir todas las estancias de tu existencia, y que por nada del mundo puedes dejarla escapar. Esas señales, esas voces que se desgañitan avisándote –avisándome– de que todos los trayectos de tu vida tienen un gran interés, pero que algunas veces mi sordera interior, no me permite escucharlas y los paso por alto. Sin embargo, otras, resuenan como un eco en mi interior, evocando a mi poder de decisión: elijo vivir por y no por casualidad. Elijo hacer cambios en lugar de tener excusas. Elijo estar alegre y no amargado. Elijo autoestima y no victimismo. Ese viaje a través del aprendizaje, en el que guardar el equilibrio, ayuda a soportar sin sobresaltos los contratiempos y enigmas cotidianos, en el que las respuestas, presumiblemente, caen a cuentagotas. En ocasiones, ese dosificador te hace recapitular e invocar a la paciencia. Una lección que tenemos que aprender desde el inicio de nuestros días… Practicar la paciencia cuesta lo suyo. Ese goteo lento de respuestas que te indican que, aunque digamos que estamos motivados para hacer un cambio, ello no significa que el cambio se produzca inevitablemente. Tenemos que encomendarnos a la infalible, costosa e ignorada… Perseverancia. Cuando creí que tenía respuestas, hallé en ellas más preguntas… ¿A ti no te pasa también? ¿Esperar qué? Si todo está en ti.

Biografía del autor

Nacida en Valencia, España. Universidad de Valencia. Dedicada al mundo de la moda , la imagen y venta en una cadena de boutiques. Actualmente, impartiendo cursos dedicados al estudio de la comunicación personal, como método para lograr un mayor conocimiento y desarrollo en el ámbito personal, social y professional. Gina Murillo 2014


 

La negociación: elementos positivos de la comunicación no verbal a la hora de negociar¿Perdiste la llave, tu llave?