La empatía…

La empatía…

La empatía es la capacidad para reconocer las emociones de los demás, saber qué quieren y qué necesitan. La comunicación oral, transmite datos, ideas, conceptos, pero es la comunicación no verbal, la que tiene capacidad para expresar emociones, sentimientos, actitudes personales.

La empatía consiste en intentar comprender los sentimientos, emociones, actitudes de los demás. Es la empatía la que alienta a que las personas se ayuden entre sí.

Ser empático es encontrar las coincidencias e identificarse con otra persona. Es saber escuchar… Es ni más ni menos la capacidad de ponerse en el lugar de otro. Para ello, es imprescindible conocer tus propias emociones.

 Este hecho ayuda a comprender mejor, el comportamiento de los demás, en distintas circunstancias. Sirve para comprender sus emociones, sus sentimientos, en definitiva sus diferentes actitudes

  ¿Qué son las emociones?

Son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos ambientales o de uno mismo.

¿Qué son los sentimientos?

Son simplemente el resultado de una emoción.

¿Qué son las actitudes?

 Son el modo en que nos adaptamos al entorno, a las circunstancias. Es la consecuencia de un proceso cognitivo, afectivo y conductual. Dicho de otro modo, es el resultado de emociones y sentimientos, que nos lleva a adoptar un comportamiento u otra.

 Desde el primer momento que aterrizamos en este mundo empezamos a comunicar, experimentamos emociones que transmitimos a través de palabras silenciosas: gestos, tono de voz, expresiones faciales, posición corporal.

 Unos son innatos y otros los vamos adquiriendo e imitando del entorno que nos rodea. Son las personas más próximas, las más empáticas, las que captan el mensaje y comprenden mejor las  emociones, los sentimientos, que más tarde desembocan en actitudes.

Las emociones de tristeza, felicidad, enfado, miedo, asco, sorpresa… van de una persona a otra por el camino de la empatía, que nos une a todos

Paul Ekman, describe la empatía en estas emociones innatas y universales:

EMPATÍA EN LA EMOCIÓN DE ENFADO:

Las cejas tienden a juntarse

La mirada es penetrante

Los labios se aprietan

EMPATÍA EN LA EMOCIÓN DEL MIEDO:

Levantamos las cejas

Levantamos los parpados de arriba

Los parpados de abajo están tensos

EMPATÍA EN LA EMOCIÓN DE ASCO:

La nariz está arrugada

El labio superior lo levantamos

EMPATÍA EN LA EMOCIÓN DE TRISTEZA:

La piel debajo de la ceja forma triángulo

Los parpados superiores están caídos

La mirada perdida

Los extremos de los labios están ligeramente caídos

EMPATÍA EN LA EMOCIÓN DE DESPRECIO:

Sólo se da en un lado de la cara: el extremo del labio está apretado y levantado.

EMPATÍA EN LA EMOCIÓN DE SORPRESA:

Cejas levantadas

Ojos bien abiertos

Boca abierta

EMPATÍA EN LA EMOCIÓN DE FELICIDAD:

Una verdadera sonrisa incluye: patas de gallo, mejillas arriba, movimiento de los músculos que rodean los ojos.

La empatía significa que yo conecto contigo y tú conmigo… Comunicando no sólo palabras; comunicando lo más importante y que perdura en nuestra mente: sensaciones, emociones, sentimientos…  Que transmitimos de modo inconsciente, a través de la palabras silenciosas, esas mismas, que en ocasiones suben de volumen y alteran actitudes.

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Un saludo

Gina Murillo

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal

Edición tapa blanda EUR 9,83
Edición Kindle $2.99
 

¿Esperar qué? Si todo está en ti: Comunicación no verbal. Emociones [Tapa blanda]

Gina Murillio Benedicto (Autor)

 

Reseña del editor

Yo con éste, mi nuevo libro: ¿Esperar qué? Si todo está en ti, he intentado entreabrir un resquicio hacia mi interior, profundizar, analizar, los secretos que la comunicación no verbal nos grita a voces, y como no, hacerme reflexiones en voz alta, no carentes de interrogantes. No me preguntes ¿por qué?, pero parece ser que es éste, mi signo ortográfico favorito. Bueno, quizá sea porque me encanta el reto, la magia de las emociones propias y ajenas. Me encanta la curiosidad, es ella, la que alerta mi imaginación; la que se encarga de comunicarme que la vida está en constante movimiento. Quizá sea ella, la curiosidad, la que curiosamente revela que cada uno actúa de un modo diferente ante la misma circunstancia. La que
me lleva a observar, a pensar, que nadie es raro. Probablemente porque cada uno de nosotros somos únicos. Quizá, sea ésta otra razón, la que me lleve a obtener como respuestas, más interrogantes en este incesante viaje, cuyo destino, la vida, en sus numerosas escalas, te avisa de que vivir es un verbo de acción. Asimismo, te comunica que tu relación, tu fuerza, en definitiva, tu existencia, hay que vivirla y no sólo imaginarla. Esas mismas escalas, son las que te enseñan, que la alegría es una buena compañera y que es su compañía, la que te proporciona sensaciones de bienestar, de paz, de sosiego, de armonía. Esas paradas, te recuerdan que tu vida no depende de si alguien viene o se va; te recuerdan que el único protagonista de tu vida eres tú. Te recuerdan que tomar el riesgo de ser tú mismo es apasionante. Te recuerdan que el desafío de la reinvención proporciona un subidón de adrenalina que te hace vibrar. Te recuerdan al fin, que tú eres el único propietario de esa llave mágica, capaz de abrir todas las estancias de tu existencia, y que por nada del mundo puedes dejarla escapar. Esas señales, esas voces que se desgañitan avisándote –avisándome– de que todos los trayectos de tu vida tienen un gran interés, pero que algunas veces mi sordera interior, no me permite escucharlas y los paso por alto. Sin embargo, otras, resuenan como un eco en mi interior, evocando a mi poder de decisión: elijo vivir por y no por casualidad. Elijo hacer cambios en lugar de tener excusas. Elijo estar alegre y no amargado. Elijo autoestima y no victimismo. Ese viaje a través del aprendizaje, en el que guardar el equilibrio, ayuda a soportar sin sobresaltos los contratiempos y enigmas cotidianos, en el que las respuestas, presumiblemente, caen a cuentagotas. En ocasiones, ese dosificador te hace recapitular e invocar a la paciencia. Una lección que tenemos que aprender desde el inicio de nuestros días… Practicar la paciencia cuesta lo suyo. Ese goteo lento de respuestas que te indican que, aunque digamos que estamos motivados para hacer un cambio, ello no significa que el cambio se produzca inevitablemente. Tenemos que encomendarnos a la infalible, costosa e ignorada… Perseverancia. Cuando creí que tenía respuestas, hallé en ellas más preguntas… ¿A ti no te pasa también? ¿Esperar qué? Si todo está en ti.

Biografía del autor

Nacida en Valencia, España. Universidad de Valencia. Dedicada al mundo de la moda , la imagen y venta en una cadena de boutiques. Actualmente, impartiendo cursos dedicados al estudio de la comunicación personal, como método para lograr un mayor conocimiento y desarrollo en el ámbito personal, social y professional. Gina Murillo 2014


 

Unas líneas… hoy Gina Murillo¿Soledad, aislamiento, almas solitarias?