Gina Murillo

Ser o Parecer

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Empezó mal… Paciencia

 

Sí, la paciencia, una lección que tenemos que aprender pacientemente desde el inicio de nuestros días… No nos engañemos, practicar la paciencia cuesta lo suyo.

Sí, la paciencia, esa capacidad  de aguantar, complacer, admitir una fase o circunstancia sin perder los papeles, manteniendo la ansiada imperturbabilidad…

La opción más idónea para conseguir la deseada paciencia, sería aplicar la inteligencia y convertir la paciencia en una filosofía de vida… Paciencia + Inteligencia = Saber Esperar y saber esperar ¿para qué?  Pues, a mi entender, para proceder en el momento más pertinente. ¿Cómo? Quizá argumentando sobre diferentes interrogantes. Sí, los  ¿…? No me preguntes por qué, (quizá sea por mi impaciencia) pero parece que es éste mi signo ortográfico favorito.

¿Qué? No tengamos demasiadas expectativas, pues la decepción está cantada y la paciencia, se impacienta.

¿Cuándo? Persistentemente.

¿Cuánto? En ocasiones: un tris, un instante. O tras veces toda una existencia.

¿Cómo? Atento, vigilante. En alerta ante los posibles cambios.

¿A quién? No se puede aplicar la misma regla a un niño que a un adulto

¿Para qué? Bueno, creo que dependerá de cada uno. En mi caso para llevar mis diferentes planes, metas, tareas… sin que la maldita ansiedad, eche por tierra mis objetivos.

En definitiva, la paciencia mantiene una buena amistad con el sosiego, con la calma… con la paz.

Cuando consigues cambiar el ceño fruncido de un mal comienzo, por una cara sonriente y positiva, reconoces que la, (en infinidad de ocasiones ignorada) PACIENCIA ha tenido mucho que ver.

Y para concluir ¿Por qué no otro interrogante?…

¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán y vendrán a tiempo.- Amado Nervo, poeta mexicano.

Te dejo uno de sus poemas… “PAZ”

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Un saludo

Gina Murillo

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal