El tiempo: ni se compra ni se vende

El tiempo: ni se compra ni se vende

El concepto de tiempo habla de ganarlo, perderlo o ahorrarlo, pero lo cierto es que ni siquiera se puede atesorar. El tiempo avanza inexorablemente y no hay nada que podamos hacer para modificar su curso… Es imposible lograr que se desarrolle más lento o más rápido, o pretender guardar un poco para el futuro.

“El tiempo en sí es infinito, pero nuestro tiempo es limitado”

En muchas ocasiones la mala organización del tiempo lleva unida una fuerte dosis de estrés, que sin lugar a dudas se traslada a la expresión facial, la mirada, la sonrisa y gestualidad; es decir las palabras silenciosas suben de volumen.

Lo que era una sonrisa franca y sincera, en demasiadas ocasiones, la transformamos en un mecanismo de defensa; la usamos como un escudo protector para ocultar nuestra falta de control de la situación. Ocultamos la mirada abierta, libre, verdadera y la suplimos, por una mirada turbia, velada. El ceño lo fruncimos, las manos andan sin parar, intentando adaptarse a nuestros sentimientos; nuestro cerebro va a cien por hora, mandando mensajes no verbales, difíciles de mantener a raya. Nuestros pies se mueven con inquietud y lo más grave… nuestra mente se queda en blanco.

Quiero exponer la regla 80/20, también conocida como “Principio Pareto” (estoy segura que no os va a dejar indiferentes, más bien os hará pensar), según la cual el 20% de las actividades produce el 80% de los resultados y el 80% de las actividades produce el 20% de los resultados. Expuesto esto, que cada cual saque sus propias conclusiones.

Los estudiosos en el tema del control de tiempo ofrecen algunos indicadores de en qué consiste una mala organización del tiempo:

Prisas constantes, por ejemplo: entre reuniones o tareas

Retrasos frecuentes, por ejemplo: al asistir a reuniones, visitar clientes o cumplir plazos

Poca productividad, energía y motivación

Frustración, por ejemplo: “parece que siempre tenga que estar a disposición de los demás

Vacilación crónica entre alternativas, por ejemplo: “llevo dos semanas devanándome  los sesos por esto. Elija lo que elija saldré perdiendo. Ya no sé qué hacer”

Dificultad para marcarse objetivos, por ejemplo: aplazar continuamente el inicio de una tarea o actividad.

Perfeccionismo, es decir, la búsqueda constante de unos niveles de rendimiento excepcionalmente elevados. El perfeccionismo suele conducir a la indecisión.

Enredarse en detalles, me explico: no poder abordar las cuestiones principales, porque prestamos una atención excesiva a los pormenores, hasta tal punto de sentirnos agobiados.

Delegar poco trabajo, por ejemplo: “si quiero un trabajo bien hecho, será mejor que me encargue yo mismo”.

Y la lista suma y sigue…

Para sacar una pequeña conclusión, he escogido una reflexión de Fontana, que para mí guarda un gran significado: “las personas que en su vida profesional parecen estar siempre a merced de las circunstancias, suelen ser aquellas que esperan a que las cosas ocurran para luego reaccionar ante ellas. Las que parecen dominar la situación suelen ser las que ven venir las cosas y actúan con tiempo para protegerse o beneficiarse de ellas.

Cuando hablamos de tiempo, entendemos que es un recurso valiosísimo y cada segundo, cada minuto y cada hora que pasan no se pueden recuperar. Así pues, lo mejor es utilizarlo con buen criterio.

Gracias por vuestro tiempo

¿SER O PARECER? COMUNICACIÓN NO VERBAL

Un saludo

Gina Murillo

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Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal

Edición tapa blanda EUR 9,83
Edición Kindle $2.99
 

¿Esperar qué? Si todo está en ti: Comunicación no verbal. Emociones [Tapa blanda]

Gina Murillio Benedicto (Autor)

 

Reseña del editor

Yo con éste, mi nuevo libro: ¿Esperar qué? Si todo está en ti, he intentado entreabrir un resquicio hacia mi interior, profundizar, analizar, los secretos que la comunicación no verbal nos grita a voces, y como no, hacerme reflexiones en voz alta, no carentes de interrogantes. No me preguntes ¿por qué?, pero parece ser que es éste, mi signo ortográfico favorito. Bueno, quizá sea porque me encanta el reto, la magia de las emociones propias y ajenas. Me encanta la curiosidad, es ella, la que alerta mi imaginación; la que se encarga de comunicarme que la vida está en constante movimiento. Quizá sea ella, la curiosidad, la que curiosamente revela que cada uno actúa de un modo diferente ante la misma circunstancia. La que
me lleva a observar, a pensar, que nadie es raro. Probablemente porque cada uno de nosotros somos únicos. Quizá, sea ésta otra razón, la que me lleve a obtener como respuestas, más interrogantes en este incesante viaje, cuyo destino, la vida, en sus numerosas escalas, te avisa de que vivir es un verbo de acción. Asimismo, te comunica que tu relación, tu fuerza, en definitiva, tu existencia, hay que vivirla y no sólo imaginarla. Esas mismas escalas, son las que te enseñan, que la alegría es una buena compañera y que es su compañía, la que te proporciona sensaciones de bienestar, de paz, de sosiego, de armonía. Esas paradas, te recuerdan que tu vida no depende de si alguien viene o se va; te recuerdan que el único protagonista de tu vida eres tú. Te recuerdan que tomar el riesgo de ser tú mismo es apasionante. Te recuerdan que el desafío de la reinvención proporciona un subidón de adrenalina que te hace vibrar. Te recuerdan al fin, que tú eres el único propietario de esa llave mágica, capaz de abrir todas las estancias de tu existencia, y que por nada del mundo puedes dejarla escapar. Esas señales, esas voces que se desgañitan avisándote –avisándome– de que todos los trayectos de tu vida tienen un gran interés, pero que algunas veces mi sordera interior, no me permite escucharlas y los paso por alto. Sin embargo, otras, resuenan como un eco en mi interior, evocando a mi poder de decisión: elijo vivir por y no por casualidad. Elijo hacer cambios en lugar de tener excusas. Elijo estar alegre y no amargado. Elijo autoestima y no victimismo. Ese viaje a través del aprendizaje, en el que guardar el equilibrio, ayuda a soportar sin sobresaltos los contratiempos y enigmas cotidianos, en el que las respuestas, presumiblemente, caen a cuentagotas. En ocasiones, ese dosificador te hace recapitular e invocar a la paciencia. Una lección que tenemos que aprender desde el inicio de nuestros días… Practicar la paciencia cuesta lo suyo. Ese goteo lento de respuestas que te indican que, aunque digamos que estamos motivados para hacer un cambio, ello no significa que el cambio se produzca inevitablemente. Tenemos que encomendarnos a la infalible, costosa e ignorada… Perseverancia. Cuando creí que tenía respuestas, hallé en ellas más preguntas… ¿A ti no te pasa también? ¿Esperar qué? Si todo está en ti.

Biografía del autor

Nacida en Valencia, España. Universidad de Valencia. Dedicada al mundo de la moda , la imagen y venta en una cadena de boutiques. Actualmente, impartiendo cursos dedicados al estudio de la comunicación personal, como método para lograr un mayor conocimiento y desarrollo en el ámbito personal, social y professional. Gina Murillo 2014


 

De frente o de perfil. La experiencia de sentirse miradoMe está mintiendo