Gina Murillo

Ser o Parecer

Entrada de blog

Alma, el personaje eterno

YO ALMA, SOY UN PERSONAJE ETERNO QUE EN OCASIONES CAMBIA DE PROPIETARIO

Avanzábamos con el destartalado todo terreno gris  de Hombre, por la comarca de Bureba.  La carretera era estrecha, mal señalizada y con algún que otro bache, en realidad se aproximaba a lo que entendemos, por un camino rural.  Nuestro destino era Leonés, un pueblo a cincuenta kilómetros de Burgos. Leonés, el pueblo hasta ahora manso, tranquilo, tradicionalmente agrícola, había decidido hacer honor a su nombre; decidió afilar sus garras y abrir los ojos a la nueva economía emergente.

El viaje se estaba haciendo largo, Hombre conducía a poca velocidad. La carretera estaba transitada por parsimoniosos tractores, conducidos por amables agricultores de la zona, que intentaban por todos los medios dejarnos paso.

Íbamos en silencio, aparentemente tranquilos, aunque yo intuía a través de los gestos de mi compañero de viaje, signos evidentes de impaciencia. Cuando dejaba de tamborilear con sus dedos, se mesaba los cabellos con la mano, que con demasiada frecuencia apartaba del volante.

Yo andaba en mis pensamientos, miraba sin ver, el panorama que la comarca nos ofrecía, oía sin escuchar, la tertulia gritona que nos brindaba la radio de turno, mis manos estaban frías y mis músculos se empezaban a atrofiar. Mi mente estaba muy inquieta, mis ideas sobre mi nuevo destino, eran muy dispares; en un minuto pensaba que Leonés sería una buena forma de madurar y desarrollar un nuevo camino, y al minuto siguiente, sentía cómo mi corazón, se agitaba; mi mente se nublaba y temía perder lo más importante para mí: la complicidad, la amistad y  el amor espiritual de mi inseparable amigo Hombre. Ciertamente estaba preocupada, diría más, el panorama lo veía oscuro; sentía miedo.

Todavía nos quedaban más de cien kilómetros. Si el mapa mugriento y manoseado estaba en lo cierto, a poca distancia tomaríamos un desvío a la derecha que nos llevaría hasta una carretera nacional, por fin, una carretera en condiciones. Nos desviamos y alcanzamos la deseada ruta. Hombre se animó,  puso ambas manos en el volante, apretó el acelerador, la adrenalina agitó su corazón y pensó a por Leonés.

Yo, de nombre Alma, intenté animarme junto a mi amigo inseparable Hombre, aunque mi intuición, siempre en alerta, me decía, que algo en mi amigo estaba cambiando. El afán, anhelo, ahínco, en fin esa pasión inconmensurable  que estaba poniendo mi amigo Hombre por dominarlo todo, y el sentido inmenso de poder y avaricia que denotaban sus actitudes, que asomaban en sus gestos y  que reafirmaba con duras palabras… me llevaron a pensar que mis días estaban contados.

Como sabéis y si no lo conocéis, os lo explico: mi papel en la vida de Hombre hasta este momento fue ver, oír, emocionarme, sentir, en una palabra vivir y ser cómplice de su vida.

Yo Alma, soy un personaje eterno que en ocasiones cambia de propietario, dueño, amo, si él lo encuentra oportuno y decide echarme de su camino.

Hombre, en muchos momentos de su vida, se ha hecho la siguiente pregunta:

¿Quién es Alma? , un nombre tan corto, simple, sencillo de recordar y en algunas ocasiones, según él, tan difícil de definir.

Yo, Alma siempre le oía comentar en sus debates filosóficos:

¿Quiénes somos realmente? ¿Somos cuerpo o sólo tenemos un cuerpo? ¿Somos mente o sólo tenemos una mente?

Creo que al final, después de reflexionar y consultarme, llegamos a una conclusión,  que esclarecía sus dudas.

No es ni lo uno ni lo otro. El cuerpo y la mente son herramientas humanas para vivir en el planeta, para moverse, pensar, hablar… pero noté por sus gestos, su escasa convicción. Efectivamente no satisfecho con mi respuesta, me preguntó insistentemente, quién era. Yo cansada de tanta cuestión incómoda y mostrando claros signos de irritación, le contesté: que era su energía, su chispa, la que le hacía sentirse vivo en el mundo, aquí y ahora. La que le podía proporcionar buenas vibraciones y que luego él iría convirtiendo en distintas emociones, que solo él, debía elegir en plena facultad de decisión. Le dejé bien claro que soy una ferviente aliada de la alegría, la esperanza, la perseverancia en buenos fines, pero al mismo tiempo añadí, que soy enemiga de la avaricia y las malas artes para conseguir ambiciones sin sentido, y esto, me ha llevado a tener que abandonar después de duras batallas a sujetos que se hacían llamar como él.

Hombre, se quedó desconcertado, inquieto, preocupado nunca había escuchado de mi parte, tanta claridad y honestidad. Cambió su actitud arrogante, altiva, por la de un individuo agotado, agachó la cabeza, se acercó a mí tratando de susurrar algo en mi oído, cuando un fuerte trueno, interrumpió nuestra conversación, nos miramos a los ojos, acaricié su mejilla y desaparecí de su vida.

Yo Alma, necesitaba hacer un alegato, contra lo fingido, falso, artificial, y encontrar una vía que me llevara de nuevo al camino de la verdad, lo genuino, puro. Me urgía salir de tanta oscuridad… y con paso firme y decidido, emprendí mi viaje en solitario.

Un saludo

Gina Murillo

 

Etiquetas: , ,
Leave a Reply

Gina Murillo, el arte de la comunicación no verbal